Este año podría haber cumplido 100 años de no ser por el rayo fascista que se cebó sobre él.
El próximo 28 de marzo se cumplen 68 años de su muerte. Este cuadro lleva el título de uno de sus poemas.
el Videoblog del periódico La Voz de Zalamea que dirige Vicente Toti, pintor y periodista de Diario de Huelva, LaHuelva, Canal Luz Tv, Octanoticias, Huelva Inf. y otros.
Durante todo el actual mes de marzo podrá verse en la Galería de Arte de la cafetería Aqua la exposición de pinturas de Vicente Toti compuesta de catorce obras entre óleos y acrílicos. La muestra se titula “Clásico novo” y es un recorrido por Huelva capital y provincia, desde el Barrio Obrero hasta Aracena y Cortelazor la Real hasta Nerva y Zalamea la Real. Un par de retratos y algunas referencias a Vermeer, el gran pintor holandés y también a El Greco, a quienes encuadra en la cuenca minera del río Tinto. También cuelga un par de cuadros mezclas de abstracción y simbología onubense tales como “El ojo de Onuba” o “Huelva en el Corazón”. La exposición puede visitarse durante todo el día en la referida sala situada en la calle Marina de Huelva.
Los dos ojos del viaducto dejan ver a lo lejos un cielo color crema que, sobre las barandas que protejen al peatón de una caída, se va convirtiendo en verdadero torbellino de humos y nubes, como si un huracán abrasador estuviese merodeando por la zona. Acaba de pasar un tren cargado de mineros hacia su faena diaria en contramina, las balsas, construcción casas, filón norte o sur... Sigo pintando junto a la otra vía, la que viene de la Estación Vieja y pasa por el ojo de la derecha camino de Huelva. La sensación de serenidad me lleva a una tranquila meditación, sentado sobre los riscos de tonos pastel, muy distinta al oscuro contorno de esta obra, pintada al óleo sobre lienzo de 100 x 81 cm.
La inconfundible y bella torre de Nerva se alza orgullosa sobre el edificio del Ayuntamiento y proyecta su luz sobre la calle semidesierta en una mañana de mayo. El reflejo de las nubes que se apelotonan sobre la villa queda plasmado en la fachada del blanco edificio de la derecha, detrás de la farola que iluminó las noches del centro nervense antes de que pusieran en su lugar una insufrible fuente pretendidamente modernista. Bajo esta perspectiva de colores, los naranjos bajan su habitual verdor que irán recomponiendo cuando este extraño amanecer de paso a la exuberante luminosisidad del mediodía. Con unas dimensiones de 81 por 100 centímetros, está pintado al óleo sobre lienzo.
Una verdadera sinfonía de ocres y amarillos rojizos confieren a este cuadro el aire británico que sus creadores dejaron durante tantos años en las minas de Riotinto. En el poste en primer término esta escrito el nombre del barrio, detrás unos toques verdes, al lado una señal de circulación limitando la velocidad por el recinto donde hasta tenían sus guardas para que los obreros y sus familias no perturbaran el descanso del guerrero inglés. Un cerramiento de afiladas lanzas y un farol oscuro. El efecto de los cuadrados superpuestos en lo alto de la composición nos puede hacer ver un poco de la Corta Atalaya que se encuentra inmediatamente detrás y que, envueltos en tonos grisáceos, dan un efecto de atmósfera cargada procedente de algún barreno reciente. (Óleo/ lienzo 100 x 81 cm.)
Un tormentoso -y atormentado- ambiente envuelve la ermita del Sepulcro mientras los últimos rayos de sol dan a la cal blanca de las paredes la siempre repetida orgía de tonalidades del atardecer en la Zalamea primaveral y semanasantera. El viernes santo, tras la procesión, vendrá la Vía Sacra a la que sólo hombres (y en silencio) podrán asistir. La frágil construcción parece navegar sobre un mar encrespado y el matorral se convierte en olas que rompen contra el pétreo muro rematado de ladrillos gruesos, ligeros toques de verde esmeralda se acurrucan junto al yerbazal y, sobre él, arriba a la izquierda como un negro presagio, los nubarrones amenazan tormenta. La oscura puerta permanece abierta esperando la llegada de la urna en tanto la omnipresente potencia del viento del oeste rompe blancos y celestes llevándose consigo trozos del pequeño y fantasmal campanario. La obra esta pintada al óleo sobre lienzo con unas medidas de 100 x 81 centímetros.
En este fotomontaje les muestro las consecuencias de distintos estados de buena esperanza: la señora de tres meses y el esposo de tres barriles de cerveza. El humor que nunca falte, el gran Salvador Dalí tenía bastante bien desarrollado el sentido del humor y solía decir que “existe sólo una diferencia entre un hombre loco y yo. Yo no estoy loco". Y es verdad, de loco tenía poco, de jeta, la que tiene que tener el artista que, además de tener algo que decir con su arte, quiere “venderlo” bien y en eso tenemos verdaderos magos. ¿Qué es el arte?, sino una manera de ver; el hombre inteligente no es el que tiene muchas ideas, sino el que sabe sacar provecho de las pocas que tiene, porque, amigos, las cosas no son difíciles de hacer, lo que es difícil es ponerse en situación de hacerlas, querer hacerlas... y hacerlas bien. El amigo de la barriga cervecera hace bien lo que le gusta, que es beber, a su señora, por el contrario, le gusta seguramente tener un precioso bebé y, a mí, me encantaría que así fuese.
Estamos en Santander (soñar no cuesta nada) muy cerca de El Sardinero, mientras Sorolla nos muestra sus pinturas, entre ellas, la pesca del atún en Ayamonte. Mucha gente se echa al monte para pintar árboles y casitas…, mientras otros se quedan en la playa tomándose su caña, con sardinas y cervecita. ¡Cita sea mi estampa!: Sorolla pintando y yo aquí rajando. Uy, perdón: pintando… el genio y figura de un torero sobre el aire santanderino, todo muy taurino, si pensamos que Sorolla no solo pintaba niños desnudos en la playa y señoras con el cesto en la cabeza sino que, como se sabe, pintaba todo tipo de paisajes marineros, ayamontinos. Bueno, dejemos los pinceles, dejemos de mover los pinreles, demos los últimos toques a este matador de luces y, lo dicho: nunca perder el sentido del humor, aunque sea pintando más en serio de lo que, visto así, de pronto, se deduce.
Hoy, aprovechando que supuestamente estamos en Almería vamos a pintar de boquilla una marina aprovechando el paseo que nos damos por sus playas: cielo azul, mar azul y camisa azul no falangista sino la de una señorita que se la quita porque el calor es sofocante y, el sofoco al quitársela y dejar sus partes mamarias al aire libre del Mediterráneo hacen que el señor de las sombrillas dé un brinco hacia las gafas que se ha dejado en la bolsa del bocadillo. Que bocadillo le daba, decía para su interior mientras en el exterior, los pintores se afanaban por pintar y pintar las marinas azules, los cielos azules y las dunas color siena tostada de la germanita coronados de un rojo carmesí, que para sí querría el señor de las sombrillas y los ciento cincuenta pintores que pintaban de pie, agachados y de rodillas. Qué maravilla. Hasta aquí la crónica platónica desde Almería a la que acompañamos por un dibujo publicado en el Huelva Información sobre la banca, las hipotecas, la crisis y el despelote. Saludos a don Francisco de Goya (y a Lucientes... ) Click para ampliar
Si Velázquez captó con tanta precisión la torba mirada del papa Inocencio X qué decir del niño principe Baltasar Carlos del sombrero negro sobre caballo de cartón. Una tierna mirada que yo pinté y he reiterado bastante. En este cuadro de 100 x 81 centímetros en óleo sobre lienzo pongo la mirada escrutadora del niño entre colores ocres y dorados acorde con la parafernalia de la época. El misterio de la pintura esta presente en la sinfonía de colores pastel con algunas pinceladas de ese azul celeste velazqueño que tanto se prodiga en su obra. Traté de combinar mi propia simbología, perfiles de casas, zonas geométricas e incluso algunas zonas sin pintar pues este cuadro, como muchos otros, lo pinté por el lado sin preparación, es decir, por el lado “de atrás” del bastidor.
En este mar de dudas que se vive no solo en el arte sino en casi todas las disciplinas del saber y entender al ser humano, una cosa es segura: Velázquez (y le sigo desde siempre pero sobre todo desde el inolvidable curso que realicé en el Museo de Sevilla sobre este genio de la pintura universal. Uno de los cuadros que más me impresionan es éste del papa Inocencio X quien, al ver la obra, quedo tan impresionado que le dijo "troppo vero" (demasiado real). El referido papa destacó por una fealdad que Velázquez ocultó todo lo que pudo aunque dejó al descubierto su psicología y la intrinseca mala leche reflejada en su mirada.
Mantengo firme en mi mano diestra un lápiz que dibuja en negro sobre blanco: "Otro mundo es posible", compañera. No un mundo de refinada hipocresía, en el que los negros y las negras renieguen de su belleza oscura.
A veces se pinta, a veces se escribe un retrato robot como el presente. Y así es cuando se descubre, en un momento dado, que el rostro impenetrable del tonto (o tonta) del pueblo no era quien todos creíamos sino alguien aparentemente normalizado.
Estaba yo pintando este cuadro cuando me enteré por la radio que, llegando a Zalamea, sobre las cinco de la tarde, un hombre acababa de perder un brazo en el enésimo y pico accidente ocurrido en la funesta carretera nacional 435, la que con tanto esmero prometieron desdoblar los zapateristas hace ya la tira de años. Helicóptero, los del ciento doce, bomberos, ambulancias, guardia civil, municipales y algunos curiosos acudieron al lugar. El lugar es justo donde hace años ya, los aznaristas de entonces habían medido y planificado el by pass para al menos sortear el pueblo, tirar por detrás del monte del Pilar Viejo, vadear la Crucecita, seguir cerca de la ermita de San Blas, Tiro al Plato hasta el cruce donde se bifurca hacia Jabugo, Nerva, Aracena o Zufre la dichosa vía de la muerte y, ahora, de los brazos cortados. Buenos días y paciencia, hermano, me dije mientras pintaba este bodegón con botella de Anís El Pilar, pimiento verde, naranja naranja, tomate rojo y un cuadro al revés con una vista del pueblo en blanco y negro. El cuadro mide 60 x 50 cm y está pintado al óleo sobre lienzo montado en tabla. Estaba yo pintando…
Al rechinar tremendo que rompió la madrugada, el tren se va, y yo sigo aquí, junto a la fragua; ya mi padre ha templado el acero de las barrenas, afilado los cinceles y las brocas gastadas del sudor. El aire de la soplante trae sanes escoceses mientras, en Bellavista, una "mileidy" se acostó con un minero, y. el aire de la soplante se torna en pasodoble. Ruge el fracasado intento de huelga general y según la Pirenaica, los nervenses, una vez más, dan el primer paso hacia la reconstrucción moral (los obreros callan y el terrible murmullo de su silencio quita el sueño a M. Browning y a su ayudante Wynter). Reconozco, Nerva, que estoy ante mi pensamiento solo, sólo con la fuerza ausente del minero hermano, del compañero muerto tras el 'paisaje violeta desnudo de emociones y preso de la ira. Cae la tarde ... Cae por fin la tarde en el viejo Filón Planes,' junto a la fragua donde un día mi padre fue feliz un día, él que me enseñó a distinguir El Ventoso del Pozo Bebé, me habló de Vázquez Díaz, Labrador, el maestro Rojas y me cantó bajito y quedo el himno de Riego. No creo, no creo que vuelva en mucho tiempo a Filón Planes, no se puede, amor, forzar tanto esa máquina tan frágil llamada corazón.
En este cuadro que se encuentra en el Museo de Huelva me puse a combinar en una sola imagen diversos motivos relacionados con Córdoba, como homenaje a su pasado esplendoroso, y también al presente. La construcción de arriba, a la izquierda, es la impresionante Mezquita, en el centro, el poeta cordobés Luis de Góngora. Nacido “niño bien” que estudió en la Universidad de Salamanca, viajó por toda España, fue un putañero reconocido y sus composiciones profanas le valieron pronto una amonestación del obispo, durante su vida se enfrentó en terrible y célebre enemistad con su gran rival, Francisco de Quevedo. Al amigo Góngora le hicieron capellán de Felipe III, pero siguió seco de dinero y amargado por este mundanal motivo hasta su muerte en 1627. A pesar de que no publicó en vida casi ninguna de sus obras poéticas, éstas corrieron de mano en mano y fueron muy leídas y comentadas. Es decir, un Vincent van Gohg de la poesía que reinó después de muerto. A la implacable vena satírica, ligera y humorística unió otra, elegante y culta, como los poemas dedicados al sepulcro de El Greco, mi admirado Greco. Don Luis rompió con todas las distinciones clásicas entre géneros lírico, épico e incluso satírico. En el cuadro está implícito su célebre poema “Honra me ha causado hacerme oscuro a los ignorantes, que ésa es la distinción de los hombres cultos”. Como se ve, nuestro amigo de mirada perdida, rodeado de colores ocres, grises y oscuros, no se andaba por las ramas. Este cuadro fue presentado por la entonces delegada de Cultura de la Junta de Andalucía, fue en el citado Museo de Huelva, y mide casi dos metros de alto por uno y medio de ancho.
El humor en los años del sida. Una gracieta en el velatorio colectivo del tanatorio infame. La tragicómica busca y captura de un payaso reconvertido en terrorista. Algo conmovedor y grotesco; ridículo más que dramático. La vida sigue, mientras los niños ríen al salir del cole y los profes suspiran aliviados por quitárselos de encima. La ciudad se agita en hora punta, interpretando un rocambolesco juego de muerte o paraplégia. Motos y motoristas; borrachines y locos de atar al volante de artefactos de destrucción -ahora sí- masiva.
No la cuento entera, ya saben ustedes como son esas cosas, esos seres que mienten con toda naturalidad, sin darse cuenta, a veces, que son víctimas de ellos mismos, de sus maldades: no hay mayor venganza que oírles mentir y hacer como que se les cree. Que le vayan dando. Es el mejor mecanismo de defensa que existe contra una mala gente, convencida de que sus infinitas maldades han de quedar impunes, sin nada ni nadie que les ponga la cara colorada, descubriéndole maldad tras maldad, traiciones y puñaladas traperas que producen, sobre todo, infinita tristeza.